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Artículo: Modesta Cassinello en Infarma 2026: tendencias en cuidado capilar

Modesta Cassinello en Infarma 2026: tendencias en cuidado capilar

Modesta Cassinello en Infarma 2026: tendencias en cuidado capilar

En Infarma 2026 queremos poner sobre la mesa una idea que para nosotros es esencial: el futuro del cuidado capilar no pasa solo por tratar la fibra, sino por comprender mejor el cuero cabelludo, formular con más criterio y comunicar con más honestidad.

Este año acudimos además con un concepto que resume muy bien nuestra manera de entender esta evolución: Scalpology. Una visión del cuidado capilar que pone el foco en el cuero cabelludo como base de un cabello sano, bonito y de mayor calidad.

Las expectativas del consumidor son hoy más altas que nunca. Ya no busca solo un producto agradable o una promesa atractiva. Busca eficacia, sensorialidad, confianza y coherencia. Quiere resultados, pero también quiere entender lo que compra, cómo encaja en su rutina y qué puede esperar realmente de ello.

En paralelo, la conversación en torno al cuidado del cabello está cambiando. El cuero cabelludo gana protagonismo, la skinification se consolida, la multifuncionalidad se valora más que la acumulación y la sostenibilidad deja de ser un extra para convertirse en un estándar esperado. Al mismo tiempo, también asistimos a un mayor escrutinio de las afirmaciones, lo que obliga a las marcas a elevar el nivel de rigor y claridad.

Hablamos con Modesta Cassinello, doctora en Farmacia y fundadora de la marca, sobre las tendencias que están redefiniendo el cuidado del cabello en 2026 y sobre lo que implican, en la práctica, para marcas, formuladores, farmacéuticos y consumidores.

Si tuvieras que resumir en una idea cómo está cambiando el cuidado del cabello en 2026, ¿cuál sería?

Creo que el gran cambio es que el cuidado del cabello está dejando de entenderse solo como “reparación” para pasar a verse como cuidado continuado, preventivo y cada vez más conectado con el bienestar.

Durante años, gran parte de la conversación se ha centrado en corregir daños visibles: sequedad, encrespamiento, falta de brillo o rotura. Pero hoy el consumidor empieza a entender que la calidad del cabello no depende solo de lo que se ve en la fibra, sino también del entorno del que nace. Y ahí el cuero cabelludo adquiere un papel central.

Para mí, 2026 consolida una transición muy clara: pasamos de una visión más puntual a una visión más global, más constante y más informada del cuidado capilar.

Se habla mucho de “scalp care” o de poner el cuero cabelludo en el centro. ¿Es realmente una tendencia sólida?

Sí, sin duda. Y además creo que no es una moda pasajera, sino un cambio de base.
Durante mucho tiempo hemos aprendido a observar el cabello: si está seco, apagado, encrespado, fino o dañado. Pero ahora toca aprender a observar también el cuero cabelludo, porque es la base sobre la que crece un cabello de mayor calidad.

Cada vez vemos más interés por conceptos como el equilibrio de la barrera cutánea, el confort del cuero cabelludo, la limpieza bien planteada o las rutinas de apoyo al crecimiento. Y eso me parece muy positivo, porque introduce una mirada más rigurosa y más realista.

En Modesta Cassinello, esta manera de entender el cuidado capilar forma parte de nuestra visión desde hace años y hoy la reunimos bajo un concepto muy claro: Scalpology. Es nuestra forma de recordar que el cuero cabelludo es piel, que merece atención específica y que cuidar bien la base cambia también la manera en la que entendemos la belleza del cabello.

¿Cómo cambia esto la manera de construir una rutina capilar?

La cambia muchísimo. De hecho, cada vez más consumidores están construyendo su rutina capilar de una forma muy parecida a como construyen una rutina de cuidado facial.

Empiezan a preguntarse qué necesita realmente su cuero cabelludo, qué tipo de limpieza les conviene, con qué frecuencia deben lavar, qué producto les ayuda sin irritar, sin apelmazar y sin generar acumulación.

Ese cambio de mentalidad es muy importante, porque obliga a las marcas a hacer dos cosas mejor: formular mejor y educar mejor.

Ya no basta con lanzar mensajes generales. Hay que ayudar a entender cuándo usar un producto, para quién tiene sentido y qué se puede esperar de él. La educación, bien hecha, deja de ser un extra y se convierte en parte del valor de la marca.

En paralelo, se habla mucho de “skinification” del cabello. ¿Cómo la interpretas tú?

La skinification, bien entendida, me parece positiva. Pero conviene matizarla.

No significa copiar sin más el lenguaje del cuidado facial y trasladarlo al cabello. Significa aplicar una mirada más precisa, más dermatológica y más respetuosa al cuidado capilar. Es decir, entender mejor la piel del cuero cabelludo, su barrera, su equilibrio, su tolerancia y su relación con la calidad del cabello.

El riesgo está en convertir la skinification en puro lenguaje o en una estética de marketing. Para mí, solo tiene valor si viene acompañada de criterio formulativo y de una comunicación clara.

No se trata de sofisticar por sofisticar, sino de aportar más sentido.

¿Dirías que hoy el consumidor es más exigente?

Sí, y creo que con razón.

Hoy se espera que un producto funcione, que sea agradable de usar, que encaje en la vida real y que además resulte fácil de entender y de confiar. Ya no vale con una promesa atractiva si luego la experiencia no acompaña.

El consumidor actual quiere resultados, pero también quiere claridad. Quiere saber qué está comprando, por qué ese producto puede ayudarle y qué lugar ocupa dentro de su rutina.

Por eso, la eficacia no es negociable, pero la claridad tampoco. De hecho, creo que la claridad forma ya parte de la propia experiencia del producto.

Has insistido mucho en la necesidad de una comunicación más clara. ¿Por qué es tan importante ahora?

Porque estamos entrando en una etapa en la que hay menos espacio para las zonas grises.

En cuidado capilar, como en cosmética en general, el consumidor está más informado y también más atento. Eso obliga a las marcas a comunicar de forma más rigurosa, más comprensible y más alineada con lo que realmente puede sostener la fórmula.

Yo siempre digo que prometer menos y explicar mejor genera más confianza a largo plazo. Y la confianza, especialmente cuando hablamos de farmacia, recomendación profesional y cuidado continuado, es uno de los activos más importantes que puede tener una marca.

Los mensajes claros y fundamentados se están convirtiendo en parte de la experiencia del producto, no solo del marketing.

Otra gran tendencia es la multifuncionalidad. ¿Qué significa realmente en cuidado capilar? Significa simplificar sin renunciar al resultado.

Vivimos un momento curioso: las rutinas pueden alargarse mucho, pero la paciencia del consumidor es cada vez menor. Por eso, hay una demanda creciente de fórmulas que hagan más de una cosa bien hecha, sin generar irritación, pesadez o acumulación.

Esto es especialmente importante en cabello, porque la fibra acumula todo lo que le ponemos. Y más no siempre es mejor. Muchas veces ocurre lo contrario: demasiados pasos, demasiadas capas o demasiados productos mal elegidos terminan empeorando la sensación y el resultado.

Para mí, el futuro no está en complicar la rutina, sino en hacerla más inteligente: menos pasos, menos complejidad y más eficacia real.

¿Crees que el consumidor empieza a rechazar las rutinas excesivamente complejas?

Sí, claramente.

La gente quiere cuidarse, pero también quiere practicidad. Quiere saber qué merece la pena mantener y qué no. Y eso obliga a las marcas a ser más honestas a la hora de diseñar su portafolio y de recomendar rutinas.

No todo el mundo necesita muchos productos. Lo que sí necesita casi todo el mundo es una rutina bien pensada, coherente y sostenible en el tiempo. A veces el verdadero lujo no está en hacer más, sino en hacer mejor.

Hablemos de sostenibilidad. ¿Qué papel ves que tendrá en 2026?

La sostenibilidad ya no se percibe como un valor añadido; se percibe como un estándar esperado. Pero eso no significa que la adopción esté resuelta.

Los concentrados, los formatos sin agua y los sólidos están generando cada vez más interés, pero la realidad es que el cambio de hábito no siempre es inmediato. Muchas veces las percepciones de valor, la costumbre o la forma de uso ralentizan esa adopción.

Por eso, en sostenibilidad la innovación por sí sola no basta. Hace falta acompañarla de pedagogía. Si se pide a la persona que cambie un gesto, una textura, una frecuencia de uso o una percepción de valor, hay que explicarlo muy bien.

La clave no es solo desarrollar alternativas más responsables, sino hacer fácil el por qué y el cómo

¿Qué implicación tiene todo esto para las marcas y para quienes formulan?

Tiene una implicación muy clara: hay que elevar el nivel.

Las marcas necesitan fórmulas con sentido, mensajes mejor sostenidos y una propuesta más coherente. Y quienes formulamos tenemos que pensar no solo en el activo o en la tendencia del momento, sino en el uso real, la tolerancia, la sensorialidad, la frecuencia y la convivencia con otros productos dentro de una misma rutina.

Formular bien no es solo añadir cosas interesantes. Es saber qué poner, qué no poner y por qué. Y también saber cuándo simplificar.

Creo que en 2026 se va a valorar mucho más la manera de formular: productos que se entienden, que tienen lógica interna y que responden a una necesidad real.

Desde el punto de vista de la farmacia, ¿qué oportunidad abre este escenario?

Una oportunidad enorme.

Cuando el consumidor busca más claridad, más criterio y más confianza, la farmacia tiene un papel privilegiado. Porque puede acompañar, contextualizar y recomendar desde una mirada profesional.

Pero para aprovechar esa oportunidad, hace falta algo importante: aprender a hablar también de cuero cabelludo, no solo de cabello. Llevamos años muy centrados en la fibra, y ahora necesitamos incorporar mejor conceptos como barrera cutánea, confort, equilibrio, higiene adecuada o rutinas básicas bien planteadas.

Creo que ahí hay un espacio de crecimiento muy interesante para la recomendación farmacéutica: ofrecer una visión más completa, más útil y más personalizada del cuidado capilar.

¿Qué le dirías al consumidor que en 2026 espera más de sus productos capilares?

Le diría que está bien esperar más.

Está bien pedir mejores resultados. Está bien pedir mensajes más claros. Está bien querer fórmulas que encajen con tu vida real y no solo con una promesa publicitaria.

Pero también le diría algo importante: el mejor cuidado capilar no suele construirse desde la ansiedad ni desde el exceso, sino desde la constancia, el criterio y una mejor comprensión de la base.

El cabello no empieza en la fibra. Empieza en el cuero cabelludo, en el equilibrio del entorno folicular, en la calidad de la rutina y en la coherencia con la que cuidamos esa base en el tiempo.

La visión de Modesta Cassinello para 2026

Si hubiera que resumir el cuidado capilar de 2026 en pocas palabras, serían estas: más criterio, más honestidad y más atención a la base.

La conversación avanza hacia beneficios centrados en el cuero cabelludo, fórmulas más multifuncionales, mensajes más claros y una sostenibilidad que debe ser comprensible además de deseable. En paralelo, el consumidor espera más: mejores resultados, menos ruido, más transparencia y productos que se sientan alineados con la forma en la que vive hoy.

En Modesta Cassinello creemos que ese futuro no pasa por prometer más, sino por hacer mejor las cosas: entender el cuero cabelludo, formular con sentido, educar con honestidad y acompañar al consumidor con soluciones que funcionen de verdad.

Ese es también el espíritu con el que llegamos a Infarma 2026 bajo el concepto Scalpology: una invitación a mirar el cuidado capilar desde la base, con más criterio, más conocimiento y una visión más completa del bienestar del cuero cabelludo y del cabello.

Porque cuidar el cabello ya no consiste solo en reparar lo visible. Consiste en comprender mejor la base sobre la que todo empieza.

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